Pumpum. Pumpum. Pumpum. PUM.
¿Por qué hay tanta luz?
¿Dónde estoy? ¿Qué es este frío que siento en la espalda...? Me incorporo rápidamente y veo que una toalla tapa mis dos... ¿piernas? Así es como las llaman aquí, o eso le había oído decir vagamente la noche anterior al Comandante. Estoy recostado en una camilla metálica del tamaño de un hombre. Vaya, parece que el suero ha hecho su efecto: soy uno de ellos. Empiezo a tener noción de mi propio cuerpo, noto cada latido, cada inspiración. Veo cada color de nuestra sala quirúrgica, es lo único que permanece de mi, la visión completa del espectro de luz. Menos mal, quién sabe cómo me las iba a arreglar allí afuera sin ella.
- Teniente Oxer, le habla la Capitana Lynz, ¿puede oírme?
Su voz suena diferente. Metálica, sintética... Como un robot. Qué raro se me hace escuchar la voz de Lynz en el aire, en el exterior. No me gusta tener oídos. Intento aclarar mi voz humana.
-Nhhhhhhhhh, nnnnnnnoooo... Lo........... se.
Me llevo las manos al cuello, noto temblar mis cuerdas vocales, que poco a poco se calientan dejándome articular algo aún poco entendible. Habrá que practicar eso. Trato de levantarme de donde estoy pero caigo de la camilla desplomado al suelo. Joder, parezco de chicle, aquí la fuerza de la gravedad es 9 veces menor que en Memtrixen, ¿cómo hacen aquí para caminar sin derretirse apenas? Me levanto y a escasos centímetros de mi se encuentran Lynz y Metra. Si no fuera por ellas jamás me habría atrevido a dar este paso. Venir a cambiar el núcleo de un planeta a miles de años luz del nuestro, menuda locura.
-Parece que alguien se ha despertado con mal pie hoy- Añade Metra.
-Ve a buscar a mi padre, va a haber que enseñarle a este novato cómo manejarse entre los hombres si queremos conseguir algo. No tardes. Os esperamos aquí.
Nunca había visto Lynz tan nerviosa, no desde que se nos fue asignada esta misión. Ella ya había sufrido esta metamorfosis y sabía cómo de dolorosa podría llegar a ser. Pasar de no tener cuerpo físico a ser una casi máquina de ingeniería humana no debe ser fácil. Podía apreciarse en su anatomía, ligeramente afectada por la transformación anterior: su cuerpo humano tenía pequeñas taras como una oreja partida, ausencia de uno de sus dos pechos y piel bicolor en algunas zonas no visibles por la ropa. Y lo que éramos incapaces de apreciar dentro de su interior físico. Sufría constantes dolores en la cabeza, creo que lo llamaban migrañas, que no le dejaban desarrollar nuestra visión interbiológica y espacial. Claramente estaba limitada y no se lo perdonaba, mucho menos siendo la hija del Comandante Laswell.
-Has tenido suerte, te ves humanamente bien. Esa cara y buen físico pueden ayudarnos a conseguir objetivos con esta especie. Son muy persuasibles y fácilmente engañables, tienen un sentido de la vista bastante... Deficiente. Te traeré un espejo.
Lynz despareció rápidamente de la sala quirúrgica y volvió con algo entre las manos. Era una especie de marco con algo dentro que se movía.
-Ten, para que te veas.
Vaya, era un humano. Tenía nariz, boca, orejas y unos ojos oscuros como agujeros negros. Mi pelo era de color claro, como mi piel, casi traslúcida dejaba ver manchas pequeñas en mi cara.
-¿Qué son estas manchas, Lynz?
-Las llaman pecas, o lunares. No lo sé exactamente.
Pecas, vaya. Todo me parecía nuevo y emocionante. De repente se abrieron las puertas de ascensor que bajaba desde el puente de mando. No cabía duda, se trataba del Comandante Laswell. No había visto jamás su cuerpo humano, pero su sola presencia dejaba claro quién estaba entrando en la sala.