Para mi, sin duda, regalo. La soledad (sana) autoimpuesta es liberación. Es calidad de tiempo para mi, es bálsamo calmante al ruido externo. Es auto y reconocimiento, es paz necesaria y un kitkat para el alma. Apagar el motor, qué siento, quién soy yo. Vivimos acelerados, recalentados, ocupados en obligaciones y obligados a no conocernos... A no ser, porque no queremos, porque necesitamos distraernos de nosotros mismos. Necesitamos identificarnos con lo externo, cuando eso se va acabar yendo, agotando. Preferimos conocer el exterior y obviar lo que siempre va a permanecer... Nuestro interior. Nosotros. Tu tú, mi yo. Es lo fácil, es lo cómodo. Abrir la ventana y ver qué hay dentro da pereza, pero saber ordenarse por dentro es lo único que nos lleva hacia lo que realmente buscamos: ser felices. Ser feliz no está ahí fuera, está aquí dentro.

