miércoles, 5 de febrero de 2020
La buena cocina
Cuando probaba la tortilla de mi abuela o sus croquetas, no solo tocaba el cielo de manera objetiva, sino que me preguntaba cuándo encontraría yo el punto que ella le daba a su (bendita) comida, porque su salmorejo era de otro mundo. Cuando en casa hay arroz con leche de mi madre tengo que ser rápida, porque vuela. He intentado, Dios sabe cuántas veces, hacerlo como ella: he seguido la receta al pie de la letra, incluso me ha faltado echarle agua bendita... Pero no hay manera. Y es que está, no científicamente, demostrado que el puntito secreto es el cariño. Cuando hay amor de por medio, se pone intención y atención. Se cocina a fuego lento, siguiendo o no una receta o guión, no hay prisa por el resultado... Buscas el buen sabor. No hay mejor sensación que acabar de comer con el paladar contento y el corazón lleno: "aquí repito y vuelvo yo". Así es como deberíamos pasar por la vida de quienes tocamos, como la buena cocina, como un buen plato de croquetas de jamón... O de morcilla.
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