Que también entiendo de arte, pero no del que estás pensando. No hablo de cuadros, épocas o esculturas colosales, tampoco de fotografía (que también), teatros o baile. Hablo del que conozco, el que implica guantes, paciencia y mascarilla: todo a punto para tu sonrisa.
La conocí por casualidad, con diecisiete años y en una nueva ciudad: Sevilla. Batas, blancas, proyectores y turbinas, empezar un nuevo estilo de vida. No pensé que iba a significar tanto, tomar un compromiso tan fuerte con una ética, con las personas, con mis pacientes. Qué es ser dentista.
Es planificar en tiempo libre, es hundir la mente entre hojas, diagnósticos, dibujos, palabras raras, fármacos. Es una habilidad, paciencia, destreza manual. Es fallar y volver a empezar. Explicar, de forma simple el funcionamiento del interior humano. No son solo dientes, es visión integral, tu paciente: el que acude con molestia y dolor, necesidades estéticas, complejos, necesidad de información. Es pensar en un todo, trabajo con compañeros, coordinado, codo con codo. Laboratorio, risas, loctite, cafés de máquina, con frío tomando filipinos. Llegar a odiar el articulador, el ángulo de Bennet, no encontrar el micromotor (miniinfarto), tallar dientes de jabón. Porque si finalmente no ejerces como dentista, al menos conoces la escuela de Miguel Ángel, te conviertes en escultora renacentista. O en ingeniera de fuerzas orales, ortodoncia, tornillos, momentos, torques, manos torpes doblando alambres... Todo un máster. Es comenzar odiando la sangre y finalmente tomarla como parte de tu día a día, es más maña que fuerza, decían, digo y diré: paciencia, paciencia, paciencia... Esto no es una suma exacta, calculada, medida, estoy jugando (en parte) con tu vida, en el sentido más literal. Por favor, no te vayas a asustar, mis anestesias no duelen, lo prometo. El niño no va a llorar. De puertas para adentro, cruzando mi umbral, quiere tomar asiento, porque sabe que no es para tanto como le han contado. No existe la palabra dolor, pinchar, quitar... Intento darte calor, porque un niño asustado es un adulto enfadado, con temor. Y yo eso no lo quiero. Yo te quiero tranquila, calmada, con compasión, comprensión, bien dirigida, una buena odontología. Vamos a prestar atención: quiero eficacia, producción, un alma humana... Mi profesión no sólo son bocas sanas. Es un estilo de vida. Lo aceptas y lo quieres bien... O no.
miércoles, 27 de febrero de 2019
martes, 26 de febrero de 2019
Mis metros cuadrados
Como un cazasueños, cojo las pesadillas y las machaco a tiempo. Justo antes de irme a dormir, cierro los ojos y respiro un poco m á s l e n t o. La mente, un plato, llano, quieto, despejado. La luna en mi tejado, y tu regalo en mi escritorio, bien cerrado.
De momento, y esperando con el tiempo, aislado del resto de ojos, celosos, a los que no dejo compartir lo que en él escribo. Secreto, secreto infinito, hasta que lo dejo por escrito. A veces con tachones, remiendos, comienzos y finales... Escribo rimas mortales. Resentidos alma, manos y corazón, qué viaje y cuánta adrenalina caben entre renglones. Atrás, mirones. Esto queda entre las hojas, la mente y mis paredes.
Paredes testigo de cada pensamiento, de todo lo que siento, de mis resentimientos. Del orden y el esfuerzo diario que no cae en vano, de cada día tachado en mi calendario, que juega con las horas de ánimo y pesadez, de mi desgastada estupidez que busca excusas para escribir (te) de nuevo, otra vez.
Paredes que oyen cada pasar de pasos, de cafés que despiertan mis párpados y canciones que hacen latir y sentir al que ha estado en mil pedazos... ¿Lo oyes? Increíble, sigue latiendo. Tiene razones, le sobran motivos, para él todo sigue teniendo sentido cuando solo vienen contratiempos. Qué fuerza, qué coraje, qué brío. Entre cuatro paredes bombea sin parar, enjaulado, toma el ánimo de donde parece no haber... De donde menos crees. Tantas ganas tiene, que me he visto obligada a creer de nuevo en la magia de la constancia, del deber. De ir a ciegas dando brochazos de imaginación y tesón, de empezar a tejer sin saber, de la exigencia autolimitada para no sufrir en balde... Y liar el desastre. Como mi cama, a veces mal hecha por salir corriendo sin tiempo para alcanzar, con pequeños gestos, mi sueño. Perdona si no me peino, pero lato tan deprisa en cada minuto que no vivo para agradar al resto. Cuando quieras te lo cuento, pero tienes que tener cuidado... Eres mi invitado, si entras a mi habitación, a mi cuarto, a mi casapalasio... Desacelera, ve despacio, no quiero prisas, aparca tu calendario y congela tu segundero, solo quiero tu sonrisa.

De momento, y esperando con el tiempo, aislado del resto de ojos, celosos, a los que no dejo compartir lo que en él escribo. Secreto, secreto infinito, hasta que lo dejo por escrito. A veces con tachones, remiendos, comienzos y finales... Escribo rimas mortales. Resentidos alma, manos y corazón, qué viaje y cuánta adrenalina caben entre renglones. Atrás, mirones. Esto queda entre las hojas, la mente y mis paredes.
Paredes testigo de cada pensamiento, de todo lo que siento, de mis resentimientos. Del orden y el esfuerzo diario que no cae en vano, de cada día tachado en mi calendario, que juega con las horas de ánimo y pesadez, de mi desgastada estupidez que busca excusas para escribir (te) de nuevo, otra vez.
Paredes que oyen cada pasar de pasos, de cafés que despiertan mis párpados y canciones que hacen latir y sentir al que ha estado en mil pedazos... ¿Lo oyes? Increíble, sigue latiendo. Tiene razones, le sobran motivos, para él todo sigue teniendo sentido cuando solo vienen contratiempos. Qué fuerza, qué coraje, qué brío. Entre cuatro paredes bombea sin parar, enjaulado, toma el ánimo de donde parece no haber... De donde menos crees. Tantas ganas tiene, que me he visto obligada a creer de nuevo en la magia de la constancia, del deber. De ir a ciegas dando brochazos de imaginación y tesón, de empezar a tejer sin saber, de la exigencia autolimitada para no sufrir en balde... Y liar el desastre. Como mi cama, a veces mal hecha por salir corriendo sin tiempo para alcanzar, con pequeños gestos, mi sueño. Perdona si no me peino, pero lato tan deprisa en cada minuto que no vivo para agradar al resto. Cuando quieras te lo cuento, pero tienes que tener cuidado... Eres mi invitado, si entras a mi habitación, a mi cuarto, a mi casapalasio... Desacelera, ve despacio, no quiero prisas, aparca tu calendario y congela tu segundero, solo quiero tu sonrisa.

domingo, 24 de febrero de 2019
BANGBANG
"El equilibrio es no dejar que nadie te quiera menos de lo que te quieres tú."
Acabo de encontrar esto escrito en un papelito de 2013 guardado en un cajón. Ha sobrevivido sin perderse a seis mundanzas en seis años. Algo me dice que está bien redescubrirlo.
sábado, 23 de febrero de 2019
Slow yourself down, Dear
Igual me pillas haciendo un tiempo muerto, habiéndome quitado mis zapatillas de correr. O tenis, como les llama mi madre. Quizás ya no tenga ganas de "donde pongo el ojo, pongo la bala" como antes, porque no me apetece apuntar. Pero no confundas, eh, el ojo lo tengo puesto, mucho, pero me he cansado de correr detrás. A mi también me gusta ser buscada, porque ir detrás de la vida a veces deja exhausta. No es sentarme a esperar y ver como las cosas que quiero me pasan. Es cambiar mi ritmo y reajustarlo a mi misma. Dejar de dar foco a lo que tengo y adoro alrededor y ponerlo más encima mío, al fin y al cabo estoy 24 horas, siete días a la semanas conviviendo conmigo... Creo que es lo mínimo que puedo hacer. Cuando no estoy charloteando, ando escribiendo, y cuando no (te) escribo, (te) pienso. Busco el contacto, la cercanía, las palabras amables recíprocas, sonrisas de verdad, y adoro encontrarlo porque es mutuo, qué felicidad de gente tengo. Pero me canso de dar el primer paso, de vez en cuando ver una iniciativa y un paso hacia mi es lo que busco sin saberlo. Si me buscas(n) me encuentras(n), pero hazlo de vez en cuando porque justo ahora ando hibernando en iniciativas.

jueves, 21 de febrero de 2019
AnitaDinamita
Querida, eso eres. Por todos, por los que aún no te conocen y ya sueñan contigo. Tu risa y tu pelo rizado, ojos que son pozos con pase directo a tu interior. Lleno de color, sinsentido, arbitrario, dramático, enérgico, activo. Vallecillo.
Bendita mente la que hizo de ti mi familia. Tan parecidas, tan ying, tan yang. Horas y horas para charlar, sanar heridas. Ganar partidas y dejar la vergüenza en la puerta de la casa, nuestra casa.
Que pasen dos días y te eche de menos. A tu drama, a tu alegría (y no con A mayúscula, que esa de alegre tiene poco). A tus ganas de aprender algo nuevo, por loco que sea, no vacilas, te adentras, te lanzas y ganas. Siempre. A tu impulsividad a veces maldita, que te lleva por donde no quieres y te deja donde puede. Pero al lado mía. Para tirarte de las orejas, decirte que todo esta bien, que lo que viene es para crecer. Pegar el estirón. A tus ocurrencias y creencias supersticiosas, tu esoterismo y paranormalidad (a mi que esos amigos no me vengan a mirar). La fe en que algo bueno está de camino, tus escritos, la positividad. Tus dotes de espía, que con las mías asustan al FBI. A tu don social, leona, arrasas por donde pisas, por donde vas. Incendias y quemas la soledad, eso no va contigo, animal de masas.

Si te vieras con mis ojos entenderías todo. Lo que te digo y lo que no, lo que me callo y lo que te grito. Lo que te quiero dejar escrito: tu valor. Míralo cara a cara, por favor, reconocelo. Es infinito. Que la gente no entiende, no sabe, te querrán hacer ver lo contrario. Te quieren mermar, pero no pueden... Como intentar desalar un mar, que lo intenten. No les dejes. Recuerda que eres fuego, el verbo quiero, que con tiempo pasará a ser un "puedo", un "lo hice", mi "te lo dije".
martes, 19 de febrero de 2019
Exijan lo mismo
Sepan que así como se da, también se quita. Si, si, es lo que tiene ser fuerte en autocuidados y amor propio. ¿Cómo? ¿No es un estado permanente? No.
Entiendan que el verbo querer no es debilidad, sino complemento al suyo propio. No confundan querer con debilidad porque si empieza a opacarse el cristal de la reciprocidad, desaparece, se va. Y no porque uno mismo quiera, sino porque uno mismo se quiere. Porque no se puede dar a alguien que no lo sabe apreciar, que no tiene si quiera recipiente para recibir. Y tampoco pueden obligar, qué forma sería esa de darse a los demás. No pueden obligar a recibir lo mismo que dan, de todas maneras, si no les va a salir desde dentro y de verdad ¿para qué lo quieren? ¿es a caso real? Se lo voy adelantando: no. Si se atreven a dar algo genuino, no acepten menos de vuelta. Es preferible no recibir nada a tener una maraña enredada entre las manos... Que a ver quien se pone a deshacer nudos. Yo no. Me niego a dar diez y recibir dos. Aquí la "x" de la ecuación o sale con valor positivo o no saldrá. No me valen ni valores absolutos ni negativos. Hay tanta positividad en mi vida que no acepto menos de vuelta ni un desequilibrio en la balanza: y es que no se dar menos que todo. Si no están dispuestos a dar un diez, ni se molesten, como dice Astola: "cojo el saco y me retiro".
Entiendan que el verbo querer no es debilidad, sino complemento al suyo propio. No confundan querer con debilidad porque si empieza a opacarse el cristal de la reciprocidad, desaparece, se va. Y no porque uno mismo quiera, sino porque uno mismo se quiere. Porque no se puede dar a alguien que no lo sabe apreciar, que no tiene si quiera recipiente para recibir. Y tampoco pueden obligar, qué forma sería esa de darse a los demás. No pueden obligar a recibir lo mismo que dan, de todas maneras, si no les va a salir desde dentro y de verdad ¿para qué lo quieren? ¿es a caso real? Se lo voy adelantando: no. Si se atreven a dar algo genuino, no acepten menos de vuelta. Es preferible no recibir nada a tener una maraña enredada entre las manos... Que a ver quien se pone a deshacer nudos. Yo no. Me niego a dar diez y recibir dos. Aquí la "x" de la ecuación o sale con valor positivo o no saldrá. No me valen ni valores absolutos ni negativos. Hay tanta positividad en mi vida que no acepto menos de vuelta ni un desequilibrio en la balanza: y es que no se dar menos que todo. Si no están dispuestos a dar un diez, ni se molesten, como dice Astola: "cojo el saco y me retiro".

domingo, 17 de febrero de 2019
TicTac... Tic
Hay una sevillana que empieza diciendo "pasa la vida", y como sigue ya es otra cosa, pero empieza con una verdad como un castillo. Veo como la mayoría tenemos como costumbre asumir que mañana vamos a seguir aquí, y digo mañana por no alarmar con un plazo de tiempo menor.
Evitas ese trocito de tarta porque claro, hay que cuidarse. No llamas a alguien por miedo a "molestar", qué verbo más feo. Como si querer a alguien necesitara de permisos. Já. Me río yo de los permisos. No pulsas el "enviar" por miedo a una reacción. Me vuelvo a reír, que tensión tan absurda cuando sabes que lo que viene es para bien. Porque descartas o ganas. Como las que tengo, como siempre digo, de no quedarme con estas de nada. Temes mostrarte, exponerte, sincerarte. Qué pérdida de tiempo, felicidad y oportunidad. Aquí quien no arriesga se mata: se le pasa el tiempo y no pasa nada. Nada.
Esperas, ¿qué esperas? Cuando quieres compartir y construir pero no hay respuesta, coge tus herramientas. Haz lo que sepas, haz lo que quieras. De camino viene alguna mano amiga con cinta métrica que echabas en falta y las losetas para tus baldas. Menuda casa. Atrás quedan quienes pudieron ser junto contigo jefes de proyecto pero se fueron camino recto. Y no esperes, porque las oportunidades pasan aquí y ahora, o lo tomas o lo dejas, o te subes y te quedas o meto marcha. Es lo que pasa, y estás hoy en esta parada. Qué quieres hacer. Deja de saltar entre posibilidades. Agarra una y cuecela a fuego lento. Llámale, escríbeme, pásale a recoger, hazme reír, sorprendele. Toma la maldita iniciativa, agarra la oportunidad. Probablemente no se repita y tú te preguntes por qué no lo hiciste antes... Al menos durante unos días de tu vida.
Evitas ese trocito de tarta porque claro, hay que cuidarse. No llamas a alguien por miedo a "molestar", qué verbo más feo. Como si querer a alguien necesitara de permisos. Já. Me río yo de los permisos. No pulsas el "enviar" por miedo a una reacción. Me vuelvo a reír, que tensión tan absurda cuando sabes que lo que viene es para bien. Porque descartas o ganas. Como las que tengo, como siempre digo, de no quedarme con estas de nada. Temes mostrarte, exponerte, sincerarte. Qué pérdida de tiempo, felicidad y oportunidad. Aquí quien no arriesga se mata: se le pasa el tiempo y no pasa nada. Nada.

Esperas, ¿qué esperas? Cuando quieres compartir y construir pero no hay respuesta, coge tus herramientas. Haz lo que sepas, haz lo que quieras. De camino viene alguna mano amiga con cinta métrica que echabas en falta y las losetas para tus baldas. Menuda casa. Atrás quedan quienes pudieron ser junto contigo jefes de proyecto pero se fueron camino recto. Y no esperes, porque las oportunidades pasan aquí y ahora, o lo tomas o lo dejas, o te subes y te quedas o meto marcha. Es lo que pasa, y estás hoy en esta parada. Qué quieres hacer. Deja de saltar entre posibilidades. Agarra una y cuecela a fuego lento. Llámale, escríbeme, pásale a recoger, hazme reír, sorprendele. Toma la maldita iniciativa, agarra la oportunidad. Probablemente no se repita y tú te preguntes por qué no lo hiciste antes... Al menos durante unos días de tu vida.
sábado, 16 de febrero de 2019
Bala Halley
Bala, te embalas, aceleras y disparas. Más rápido que en tus 50m, que tanto cuestan. Apuestas de nuevo, parece que necesites esa adrenalina dentro. Restas al segundero, no quieres ir lento, necesitas más gasolina... Menudo estilo de vida. Sin esa presión yo (ya) no entiendo, si me viera hace tiempo, qué me diría. Más bien me reiría. A carcajada limpia, palmada en la espalda, incredulidad infinita. Qué haces, Bala, no sumes más a tus espaldas, ya no hay nada de frente.. Qué más quieres, deja algo para mañana. Pero no puedes. Te puedes y saltas de nuevo, demostrando tu habilidad innata para el riesgo. A ver si aprendes.. O al menos comprendes.

Pero Bala insiste, no escucha y vuelve, como siempre. Aterriza, sacude el polvo de las rodillas y se mueve a buscar otra cima desde la que saltar.
jueves, 14 de febrero de 2019
SOY
Puerta, ventana, espejo y cristal en el que mirar. Soy grito, tempestad, palabras de más, para dar qué pensar.
Sinceridad, impaciencia, impuslividad. Oído y corazón, por favor, escuchad de vez en cuando al más gris de todos, suele llevar razón. Pensamiento y sentimiento en guerra constante, el desastre.
El orden no planificado, el desorden natural. Silencio, tiempo, espacio... Mucho espacio.
Palabraspalabraspalabras. Reflexión, lectura, poema. Lo que menos esperas. Teatro: drama y comedia.
Soy tesón, cabezonería, un "a mi no me mandas", soy lo que me da la gana. Salida y meta, comienzo y límite.


Respeto, compasión y empatía, bases de la vida. La mía. Enfocada al avance, arranque, ritmo constante. Acelerón y parón. Soy duda continua, permanente indecisión (¿pistacho o turrón?). Fastidio y alivio.
Mar, Cádiz, sus aires. Giralda, Sevilla, sus calles. Azahar, Córdoba, mozárabe.
Soy tierra (firme) y agua (cambiante). Bruja, mucho. Supersticiosa. Fanática. Ambiciosa.
Soy mirada y ojos, que a veces ven y a veces no, pero corazón que siempre siente... A veces de más, qué fastidio mi intensidad.
Gimnasta, baloncesto, corredora, nadadora, equilibrista en pensamientos extremos. O blanco o negro, qué difícil encontrar mi punto medio.

Presencia, esencia destilada. No filtrada por lupas. Sin truco ni deformación, aquí no cuenta más visión que esta: la mía.
lunes, 11 de febrero de 2019
Yo quiero que te brillen los ojos de felicidad. Que te bebas la vida y abras tus alas. Que saltes, corras, te rías a carcajadas. Que sonrías de verdad. Que se te achinen los ojos y se te arrugue la nariz, que me des envidia. De la buena, como tú.
Quiero que sueñes, que pienses, que uses tu mente brillante. Verte dar forma a las ideas más locas, qué cosa. Que te canses y merezca la pena, pero sobre todo la alegría. Ojalá conmigo compartida.
Usa tus manos como proyector. Tu inteligencia, tu motor. Tu esfuerzo y horas de (poco) sueño, cafés a destiempo. Cafeína en tus venas, adrenalina para el ego. Tren, tranvía y metro. Aviones también, espero, ojalá, la verdad.
Ojalá nadie te limite. Ojalá nadie decida vallar tu ansia por mejorar, ojalá no los dejes. Porque yo te quiero así: frenético, ambicioso, loco, libre. Jamás (si, de esas palabras que prohíbo usar pero esta vez permito) le pongas tope a lo que puedes conseguir, que siendo tú es todo. No cedas a la prohibición, al límite, a la amenaza. Tus alas valen más. Valen la alegría, porque yo en ti no concibo la pena.
Quiero que sueñes, que pienses, que uses tu mente brillante. Verte dar forma a las ideas más locas, qué cosa. Que te canses y merezca la pena, pero sobre todo la alegría. Ojalá conmigo compartida.

Usa tus manos como proyector. Tu inteligencia, tu motor. Tu esfuerzo y horas de (poco) sueño, cafés a destiempo. Cafeína en tus venas, adrenalina para el ego. Tren, tranvía y metro. Aviones también, espero, ojalá, la verdad.
Ojalá nadie te limite. Ojalá nadie decida vallar tu ansia por mejorar, ojalá no los dejes. Porque yo te quiero así: frenético, ambicioso, loco, libre. Jamás (si, de esas palabras que prohíbo usar pero esta vez permito) le pongas tope a lo que puedes conseguir, que siendo tú es todo. No cedas a la prohibición, al límite, a la amenaza. Tus alas valen más. Valen la alegría, porque yo en ti no concibo la pena.
viernes, 8 de febrero de 2019
Estoy nerviosa. Siempre. Cada vez que se que voy a estar de nuevo allí. Mi lugar favorito del mundo. Su olor a sal, el sol y la arena. Las cervezas en la playa, haga frío o calor. CÁDIZ.
La risa, la alameda, La Cortadura, el pescaíto, el Manteca, El Puerto, la Punta, la Caleta, el Castillo de San Sebastián, su Levante y Poniente, la Chon, la aceituna en mi cerveza. El slack, las pipas, el TK3, mis amigos y los amigos de mis amigos. Los churros del kiosko de la giratoria, sus sonrisas quemadas al sol, qué intensidad. Qué suerte compartirlo con ellos de esta manera. Las chapetas del carnaval dibujadas en la cara y las calles abarrotadas. Chirigota en una esquina, comparsas en medio de la Plaza de las Flores. La catedral, qué brillo. Puestos en la calle, bocadillo de chicharrones, que no se andan con tonterías estos gaditanos. Para, para, para, estoy al borde de una embolia de felicidad cuando alguno dice: "vamos a por unas tortillitas de camarones". Ellos saben. Pero de todo, porque la cerveza sabe mejor con la música en directo en el PhiPhi, posturea para que te vean. Si señor, porque si no duermes siesta entra mejor un café que la cerveza.
Aquí la vida detiene en reloj. Se congela el tiempo y se caldean las horas, los recuerdos. Venir a Cádiz es beber agua cuando tienes mucha pero que mucha sed. Sed de felicidad. Se sacian las reservas de vitamina D y se vacían las de pesimismo. Aparcas el problema de forma indefinida, porque hagas lo que hagas va a estar bien. Cualquier plan se ajusta como un guante. No hay negatividad. Un mundo a parte, cruzar un umbral, una puerta (de Tierra). Poner en pausa la rutina y darle al play de la despreocupación. De verdad, que muero de la emoción, qué suerte hacer de ti mi casa. Mi tacita de Plata.
La risa, la alameda, La Cortadura, el pescaíto, el Manteca, El Puerto, la Punta, la Caleta, el Castillo de San Sebastián, su Levante y Poniente, la Chon, la aceituna en mi cerveza. El slack, las pipas, el TK3, mis amigos y los amigos de mis amigos. Los churros del kiosko de la giratoria, sus sonrisas quemadas al sol, qué intensidad. Qué suerte compartirlo con ellos de esta manera. Las chapetas del carnaval dibujadas en la cara y las calles abarrotadas. Chirigota en una esquina, comparsas en medio de la Plaza de las Flores. La catedral, qué brillo. Puestos en la calle, bocadillo de chicharrones, que no se andan con tonterías estos gaditanos. Para, para, para, estoy al borde de una embolia de felicidad cuando alguno dice: "vamos a por unas tortillitas de camarones". Ellos saben. Pero de todo, porque la cerveza sabe mejor con la música en directo en el PhiPhi, posturea para que te vean. Si señor, porque si no duermes siesta entra mejor un café que la cerveza.
Aquí la vida detiene en reloj. Se congela el tiempo y se caldean las horas, los recuerdos. Venir a Cádiz es beber agua cuando tienes mucha pero que mucha sed. Sed de felicidad. Se sacian las reservas de vitamina D y se vacían las de pesimismo. Aparcas el problema de forma indefinida, porque hagas lo que hagas va a estar bien. Cualquier plan se ajusta como un guante. No hay negatividad. Un mundo a parte, cruzar un umbral, una puerta (de Tierra). Poner en pausa la rutina y darle al play de la despreocupación. De verdad, que muero de la emoción, qué suerte hacer de ti mi casa. Mi tacita de Plata.

miércoles, 6 de febrero de 2019
Que me congele la indecisión, me arrastre la impaciencia e invada el aburrimiento. Que me levante la voluntad, golpee en la cara la esperanza y me vende el súper-yo.
Oír el sonido de un sol de guitarra cuando todo lo que hay alrededor es ruido. Oye, que no lo haces tan mal. Que los 25 son así. Que te replanteas cada cosa que eres, tienes, piensas, quieres y no. Que empiezas como enfermera y acabas dirigiendo un restaurante. Quieres ser ingeniero y al ejercer te viene el mundo encima, lo dejas todo y te dedicas a tu pasión oculta. El estrés de la odontología te convierte en jardinero, qué forma de arte más distinta. Juras y perjuras que no, que eso no es para ti... Y te comes tus palabras, una a una, con una digestión más bien pesada. Sabes dónde comienzas, pero no dónde acabas.
Me suele gustar planear mis metas, mis objetivos, a corto, medio, largo plazo. Me gusta, me da algo de seguridad. Pero ¿sabes qué pasa? La vida, tu vida. Cuando tienes las cosas más o menos claras, oyes un coche a lo lejos. Oh, oh, esto va a sacarme de mi zona de confort. Mierda, tiene toda la pinta. Y no te equivocas. Lo que venías queriendo empiezas a cuestionarlo. Volvemos al "y si". Y no se si lo odio o me gusta. Lo odio porque me saca del colchón, de una meta más o menos clara, o al menos me desvía algo de ella. Me gusta, porque si se me cierra alguna puerta, tengo vistas algunas ventanas (a las que espero que tarde o temprano, te acabes asomando), vamos a ver qué pasa.
Vas con una idea: "verás, yo siempre he querido ser..". Mira, no. Bórrate el siempre, y ya de paso el nunca. Esa forma de medir el tiempo en la vida real no me vale. Lo siento si así te lo han contado. Mentira, bullshit. No sabes qué circunstancias te van a aparecer, qué va a hacer que esa idea loca cruce tu mente: "si yo NUNCA me he planteado esto, ¿por qué ahora? ¿qué ha cambiado?".
Acepta, acepta y acepta que lo único que va a permanecer constante en tu vida es que vas a cambiar, y da. Da la oportunidad. Dátela a ti mismo y a los demás, a quienes quieran estar para sumar o multiplicar algo en tu vida. No cierres puertas, descubre ventanas. Da, gana en generosidad inter y personal. El cambio, o su planteamiento, es generoso, es crecimiento: bueno o malo. Pero por favor, aprende a definir malo. Que algo no se ajuste a tu plan no implica pérdida. Implica aprendizaje, y eso ya es ganar.
No he venido aquí a echar el rato, a mirar. He venido aquí a ganar. A dejarme la piel en intentarlo. A estar incómoda, a que duela, a que desgarre, a caerme, a que me golpee el ego. He venido aquí a darme oportunidades, a dártela a ti, a ambos, a los años que sumamos. He decidido tragarme la ansiedad, los miedos y mi indecisión. En mi vida está ganando el "ALL IN", por ti, por mi, por todos mis compañeros. El "ALL IN" por los que me dan la oportunidad, por los que me patrocinan con su preocupación diaria y no tan diaria, por no arrepentirme de no haberlo intentado. Porque he venido a no quedarme con ganas de NADA.
Oír el sonido de un sol de guitarra cuando todo lo que hay alrededor es ruido. Oye, que no lo haces tan mal. Que los 25 son así. Que te replanteas cada cosa que eres, tienes, piensas, quieres y no. Que empiezas como enfermera y acabas dirigiendo un restaurante. Quieres ser ingeniero y al ejercer te viene el mundo encima, lo dejas todo y te dedicas a tu pasión oculta. El estrés de la odontología te convierte en jardinero, qué forma de arte más distinta. Juras y perjuras que no, que eso no es para ti... Y te comes tus palabras, una a una, con una digestión más bien pesada. Sabes dónde comienzas, pero no dónde acabas.

Me suele gustar planear mis metas, mis objetivos, a corto, medio, largo plazo. Me gusta, me da algo de seguridad. Pero ¿sabes qué pasa? La vida, tu vida. Cuando tienes las cosas más o menos claras, oyes un coche a lo lejos. Oh, oh, esto va a sacarme de mi zona de confort. Mierda, tiene toda la pinta. Y no te equivocas. Lo que venías queriendo empiezas a cuestionarlo. Volvemos al "y si". Y no se si lo odio o me gusta. Lo odio porque me saca del colchón, de una meta más o menos clara, o al menos me desvía algo de ella. Me gusta, porque si se me cierra alguna puerta, tengo vistas algunas ventanas (a las que espero que tarde o temprano, te acabes asomando), vamos a ver qué pasa.
Vas con una idea: "verás, yo siempre he querido ser..". Mira, no. Bórrate el siempre, y ya de paso el nunca. Esa forma de medir el tiempo en la vida real no me vale. Lo siento si así te lo han contado. Mentira, bullshit. No sabes qué circunstancias te van a aparecer, qué va a hacer que esa idea loca cruce tu mente: "si yo NUNCA me he planteado esto, ¿por qué ahora? ¿qué ha cambiado?".
Acepta, acepta y acepta que lo único que va a permanecer constante en tu vida es que vas a cambiar, y da. Da la oportunidad. Dátela a ti mismo y a los demás, a quienes quieran estar para sumar o multiplicar algo en tu vida. No cierres puertas, descubre ventanas. Da, gana en generosidad inter y personal. El cambio, o su planteamiento, es generoso, es crecimiento: bueno o malo. Pero por favor, aprende a definir malo. Que algo no se ajuste a tu plan no implica pérdida. Implica aprendizaje, y eso ya es ganar.

No he venido aquí a echar el rato, a mirar. He venido aquí a ganar. A dejarme la piel en intentarlo. A estar incómoda, a que duela, a que desgarre, a caerme, a que me golpee el ego. He venido aquí a darme oportunidades, a dártela a ti, a ambos, a los años que sumamos. He decidido tragarme la ansiedad, los miedos y mi indecisión. En mi vida está ganando el "ALL IN", por ti, por mi, por todos mis compañeros. El "ALL IN" por los que me dan la oportunidad, por los que me patrocinan con su preocupación diaria y no tan diaria, por no arrepentirme de no haberlo intentado. Porque he venido a no quedarme con ganas de NADA.
martes, 5 de febrero de 2019
lunes, 4 de febrero de 2019
Llévalas contigo, pero siempre. Asegúrate de tenerlas lo más cerca del pecho posible, tan pegadas a ti como un tatuaje. Asegúralas, cíñelas, cóselas, apréndetelas de memoria. No las dejes escapar, son tu rescate diario. Recuérdalas si te cuesta encontrarlas.
Como cuando descubres tu canción de cabecera, esa que reproduces en casi cualquier situación. Al levantarte de madrugada para coger un vuelo. Los nervios previos a una competición, la primera cerveza con buen tiempo al sol. Coger la guitarra después de un tiempo. Como echarle miel a un yogur sin azúcar, es más realfooder. Volver a casa. Ah, el olor a ropa limpia en las sábanas que acabas de cambiar; ver el mar y EL MAR, qué azúl... Me muero si lo pienso, qué cosas. El café no soluble por las mañanas, el que haces cuando tienes tiempo... Aunque la gente que no sabe diga que no te sale bueno, lo importante es participar. Correr cuando llevas dos días sin hacerlo y nadar con la calle para ti sola. Despertarte tarde un domingo. Una llamada por teléfono, que andamos saturados de tantos Whatsapp. Lo que vale oír una voz no se puede calcular. Comer con hambre. Unas buenas lentejas. O masa de croquetas, debilidad extrema. Que haya kilómetros entre nosotras y anularlos en cuestión de tres segundos, lo que tardo en decir cuánto os echo de menos. Ni os lo imagináis. La risa floja, la de maldad, la de verdad, con la que apenas puedes respirar. Tu pelo, suave, recién lavado. Que te sepan los sabios a sal, del mar de verdad. Llegar a casa con los mofletes rojos de sol y el cuerpo cansado de diversión. El Puerto. Cádiz, mi Cádiz, tu Cádiz, marinero, cuánto quiero y me acuerdo. Recordar cuánto me quieres y me cuidabas, tu voz grave, y tu olor a colonia. Ser el ancla de tu hija, y un poco faro de tu familia. Cósela también, esta nostalgia, acuérdate, es buena. Él nos cuida. Los cuidados, las caricias, tus caricias en la espalda, en la cara, en la nariz, en el hombro, en el pelo, el la vida, en el alma. Las atesoro. Abrigarte cuando hace frío y un aire acondicionado en verano, lo adoro.
Recuerda estas ganas, estas ilusiones. Recortables del día a día que añadir al álbum de la automotivación cuando el boicot quiera ser el rey. Son mucho más que eso, son parte de ti, y nadie puede robarlos.
Como cuando descubres tu canción de cabecera, esa que reproduces en casi cualquier situación. Al levantarte de madrugada para coger un vuelo. Los nervios previos a una competición, la primera cerveza con buen tiempo al sol. Coger la guitarra después de un tiempo. Como echarle miel a un yogur sin azúcar, es más realfooder. Volver a casa. Ah, el olor a ropa limpia en las sábanas que acabas de cambiar; ver el mar y EL MAR, qué azúl... Me muero si lo pienso, qué cosas. El café no soluble por las mañanas, el que haces cuando tienes tiempo... Aunque la gente que no sabe diga que no te sale bueno, lo importante es participar. Correr cuando llevas dos días sin hacerlo y nadar con la calle para ti sola. Despertarte tarde un domingo. Una llamada por teléfono, que andamos saturados de tantos Whatsapp. Lo que vale oír una voz no se puede calcular. Comer con hambre. Unas buenas lentejas. O masa de croquetas, debilidad extrema. Que haya kilómetros entre nosotras y anularlos en cuestión de tres segundos, lo que tardo en decir cuánto os echo de menos. Ni os lo imagináis. La risa floja, la de maldad, la de verdad, con la que apenas puedes respirar. Tu pelo, suave, recién lavado. Que te sepan los sabios a sal, del mar de verdad. Llegar a casa con los mofletes rojos de sol y el cuerpo cansado de diversión. El Puerto. Cádiz, mi Cádiz, tu Cádiz, marinero, cuánto quiero y me acuerdo. Recordar cuánto me quieres y me cuidabas, tu voz grave, y tu olor a colonia. Ser el ancla de tu hija, y un poco faro de tu familia. Cósela también, esta nostalgia, acuérdate, es buena. Él nos cuida. Los cuidados, las caricias, tus caricias en la espalda, en la cara, en la nariz, en el hombro, en el pelo, el la vida, en el alma. Las atesoro. Abrigarte cuando hace frío y un aire acondicionado en verano, lo adoro.
Recuerda estas ganas, estas ilusiones. Recortables del día a día que añadir al álbum de la automotivación cuando el boicot quiera ser el rey. Son mucho más que eso, son parte de ti, y nadie puede robarlos.

domingo, 3 de febrero de 2019
Entráis. Avasalláis a carcajadas, invadís el salón y empieza el show. Ojalá todos mis días así. Oigo desde la cocina que hay cerveza fría, lo que hay en el horno está terminándose y aún queda Jaime por llegar.
Alguien empieza a poner platos y sumarle sillas a la mesa. Ana saca su guitarra y Emilio sus altavoces. Mientras Jesús aborta un intento de incendiar lo que tenemos en el horno aún. Laura siempre atenta, previsora, al quite, deja cada detalle perfecto. Oh, oh, oh, Paco trae 7L de vino y María se relame los bigotes. Anita pide que la esperemos, que tiene hambre. Qué familia. Oye, ¿al final viene Juanchi? Bueno, si aparece, sabe que tiene su copita de manzanilla en la mesa. Ojalá Torralbo aquí, qué paz de persona, qué trozo de cielo. Charfa, ¿viene Charfa? Aún tiene aquí su bici. Desde hace tres semanas, qué pelotas. Antonio venía en tren, ¿verdad? Vamos a recogerle a la estación, estamos a dos minutos, qué ganas de verle, qué tío más grande. Esteban viene para el café. Ximo y Chema, en pack, como los yogures, jamás fallan.
Cuando digo que tengo suerte, me refiero a esto. Y a pocas cosas más. La lotería, el Gordo, el trébol de cuatro hojas, el caldero de oro al final del arco iris, el chocolate al final del cono del helado, se quedan en nada si los comparas con cada domingo en Sevilla.
Alguien empieza a poner platos y sumarle sillas a la mesa. Ana saca su guitarra y Emilio sus altavoces. Mientras Jesús aborta un intento de incendiar lo que tenemos en el horno aún. Laura siempre atenta, previsora, al quite, deja cada detalle perfecto. Oh, oh, oh, Paco trae 7L de vino y María se relame los bigotes. Anita pide que la esperemos, que tiene hambre. Qué familia. Oye, ¿al final viene Juanchi? Bueno, si aparece, sabe que tiene su copita de manzanilla en la mesa. Ojalá Torralbo aquí, qué paz de persona, qué trozo de cielo. Charfa, ¿viene Charfa? Aún tiene aquí su bici. Desde hace tres semanas, qué pelotas. Antonio venía en tren, ¿verdad? Vamos a recogerle a la estación, estamos a dos minutos, qué ganas de verle, qué tío más grande. Esteban viene para el café. Ximo y Chema, en pack, como los yogures, jamás fallan.

Cuando digo que tengo suerte, me refiero a esto. Y a pocas cosas más. La lotería, el Gordo, el trébol de cuatro hojas, el caldero de oro al final del arco iris, el chocolate al final del cono del helado, se quedan en nada si los comparas con cada domingo en Sevilla.
viernes, 1 de febrero de 2019
Hay veces que me censuraría por mi intensidad. No se sentir poco, soy impaciente e igual que se que cuando quiero algo no lo quiero ni regalado, cuando lo quiero lo persigo.
Censuraría el torrente de imaginación activa y pasiva cuando algo interrumpe la rutina. Bloquearía, a veces y a ratos, el flujo de desconcentración que golpea cada vez que viene algo nuevo. Porque si, no se no apostar todo a un all in.
Me gusta pensar que en algún lugar hay alguien que piensa así, como yo. Un jugador nato, con las rodilleras y protector dental puestos, un buen casco y vistiendo el ser valiente por si acaso se cae. Que si de algo tengo un máster, es de caídas, y no de odontología comunitaria.
Apagaría el botón de la ilusión para no poder ver la luz de la cruda verdad. Pero es que prefiero no quedarme en la zona oscura de la duda. La curiosidad mató al gato, o en mi caso al mapache. Por las ojeras, digo.
Después de mis saltos en paracaídas llevando a la espalda la sinceridad, sin poder prevenir la caída cuando llego al suelo, y a pesar de querer arrancar esa parte de mi... Pienso, ¿para qué? Esto me hace ser yo. Ni mejor, ni peor. Yo. Quien quiere estar, está, quien quiere, se nota... Y quien no, más. A mis 25 años he aprendido a moderar, subir, bajar el volumen. No voy a dejar de emitir mi señal. No me importa si no hay antenas que la reciban. El dar, el ser así, no es por nadie más, sino por mi. Prefiero estrellarme con una verdad por delante, que ocultarla. Así igual no consigo lo que quiero, pero descarto lo que no es para mi. Ya es un avance.
Censuraría el torrente de imaginación activa y pasiva cuando algo interrumpe la rutina. Bloquearía, a veces y a ratos, el flujo de desconcentración que golpea cada vez que viene algo nuevo. Porque si, no se no apostar todo a un all in.
Me gusta pensar que en algún lugar hay alguien que piensa así, como yo. Un jugador nato, con las rodilleras y protector dental puestos, un buen casco y vistiendo el ser valiente por si acaso se cae. Que si de algo tengo un máster, es de caídas, y no de odontología comunitaria.
Apagaría el botón de la ilusión para no poder ver la luz de la cruda verdad. Pero es que prefiero no quedarme en la zona oscura de la duda. La curiosidad mató al gato, o en mi caso al mapache. Por las ojeras, digo.

Después de mis saltos en paracaídas llevando a la espalda la sinceridad, sin poder prevenir la caída cuando llego al suelo, y a pesar de querer arrancar esa parte de mi... Pienso, ¿para qué? Esto me hace ser yo. Ni mejor, ni peor. Yo. Quien quiere estar, está, quien quiere, se nota... Y quien no, más. A mis 25 años he aprendido a moderar, subir, bajar el volumen. No voy a dejar de emitir mi señal. No me importa si no hay antenas que la reciban. El dar, el ser así, no es por nadie más, sino por mi. Prefiero estrellarme con una verdad por delante, que ocultarla. Así igual no consigo lo que quiero, pero descarto lo que no es para mi. Ya es un avance.

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