
jueves, 28 de marzo de 2019
Trust
La confianza empodera. Arma de valor, derrumba miedos e impulsa la autoestima, creer que puedes, que crean que puedes. Ese tipo de confianza que no te descuelga las alas y te hace ir más allá de lo que te crees capaz. El superpoder favorito de las personas que quieren bien, a si mismas y al mundo entero. Dar la oportunidad sin haber testado previamente, ceder parte de tu terreno, negocio o relación contigo mismo, todo un lujo. El más generoso y preciado por los que sabemos cuánto cuesta darlo y cuánto gusta recibirlo. Toda una ola de gratitud hacia el que se atreve, da el paso y pone parte de él mismo en ti. No hay mayor acto de valentía y generosidad que pueda salir de alguien. Y hay quien no sabe valorarla, o peor aún... Disfrutarla.

viernes, 22 de marzo de 2019
Night Air
El olor a incienso y naranjo se podía notar antes de entrar a su tienda. Era de noche y Maya había dejado atrás la parte conocida del campamento para hablar con Lilith. Estaba nerviosa, con cada respiración podía notar la ansiedad trepar por el pecho, los pasos se enredaban entre el camino polvoriento y las hierbas del campo. Vaya lata, ahora tendría que remendar otra vez su falda morada, su favorita. Conforme avanzaba, empezaba a ver un fuego encendido y una tienda más lujosa de lo que esperaba: Lilith era conocida por su acentuada intuición, no por contactar con espíritus o almas entre la tierra y el más allá. Pero también por su capacidad para hacerse a si misma, a la vista quedaba al toparse con su poco usual hogar: solo años de trabajo habían forjado esa reputación y estilo de vida más elevado que el del resto del campamento.

Qué estaba haciendo, sólo podía seguir avanzando a pesar de todos los consejos que le habían dado. Sabía que no debía ir, pero sus pasos continuaban hacia adelante decididos casi sin poder detenerlos. Algo le decía que debía conocerla, debía conocer de primera mano el magnetismo de Lilith y sus palabras, calificadas como bendición y perdición por aquellos que habían sido lo suficientemente valientes como para atreverse a escucharlas. Una vez a las puertas de su tienda, Maya comenzó a girarse sobre sus pasos cuando una voz intensa y aterciopelada la invitó a entrar.

Movió el pedazo de tela que la mantenía aún en el exterior y se adentró en el mundo de Lilith. Estaba sentada en una silla de madera, con tallados en algún idioma que no sabía distinguir. Tenía la mirada centrada en la superficie de la mesa sobre la que había muchas velas de diferentes tamaños. Había suficientes como para alumbrar de forma ligera la habitación, ya que cuando hay luna nueva todo se tornaba más oscuro de lo habitual. Su pelo era de color cobre y sus manos de color nieve se movían rápidas y ágiles sobre el tapiz. Sorprendida ante la joven y aparentemente llena de vida imagen de la mujer, Maya no fue capaz de articular palabra. ¿Cómo podría tener ese aspecto habiendo vivido durante casi un siglo? Era imposible para una persona con esa edad tener la apariencia de alguien apenas comenzada la treintena. ¿Se habría equivocado? Todas las indicaciones que le habían dado coincidían con aquel lugar.

Maya salió automáticamente de su hilo de pensamientos cuando los ojos oscuros como pozos de Lilith atravesaron los suyos. Jamás se había sentido tan intimidada por nadie, ni si quiera por su hermano mayor a quien tanto temía. Algo la hizo extremecerse, dando paso a un escalofrío que recorrió toda la espalda desde la nuca hasta su zona lumbar. Qué era aquella electricidad, por qué se sentía tan vulnerable y desnuda ante esa mujer, qué tipo de familiaridad la estaba ligando a ese suelo y lugar que pisaba. De repente el vaso que tenía sobre el tapiz de la mesa cayó al suelo derramando el líquido ámbar oscuro que contenía, haciéndose mil pedazos y dibujando un charco en forma de media luna. Lilith se levantó de la silla y avanzó hacia Maya lentamente con los ojos abiertos de par en par. Cada paso que daba hacía temblar ligeramente el suelo. La velas comenzaron a apagarse una a una conforme la distancia entre ambas se reducía. Maya solo podía oír su respiración y el ligero tintineo de las campanitas en la entrada. El miedo se apoderaba de cada milímetro de su cuerpo, cuando de repente, Lilith posó sus dedos sobre su nariz y la sumergió en un profundo trance.

martes, 19 de marzo de 2019
Soft breeze
Hablemos de crear, de mentes abiertas, de manos dispuestas y calidez. Derretir el hielo con el roce de la bondad, del desinterés. Comprometámonos a mejorar, a mejorarnos, a mejorarles, con el verbo cambio, con los que nos dicen "jamás". Con el rechazo y la honestidad, vamos a aprender a ser más cristal. Déjales ver a tu través, deja de huir y atrévete a sentir(te). Échate un pulso con tus ganas y tus miedos, a ver quien puede más, si el "pero" antes o después del "lo quiero", son matices, detalles a pulir. Leva tus anclas y tira por la borda esos lastres, que te pesan y te retienen. Despega esos pies de la tierra, aunque digan que para conseguir el vuelo hacen falta miles de horas en el suelo... Yo hay veces que ya no me lo creo. Porque es más real el quiero, el puedo, sin frenos. Permítetelo, es tocar tu propio cielo. Es ser ligero, suave, volátil. Créete aire: aquí y en todas partes, donde pienses y donde vayas, no hay techo, solo te expandes. Entra y sal, sin pensar donde estás, solo siente, frío, caliente, rápido, brusco, violento... Cambiante y constante. Elévate y eleva a los demás, siempre, afán por mejorar sin poner un "des" delante de ese verbo tan querido, tan temido, tan ansiado por alcanzar. Aire, cristal, ya tienen su lugar: libres, sin enjaular... Acaban de ganar. Ya no hay guerra, no hay niebla ni tormenta, solo mar.

domingo, 17 de marzo de 2019
More space than the NASA
Charming eyes, elastic smile, crazy life. How to fit in!? There's no time, it's not a crime, it's your lifeline. The one you've chosen, the one you're building... There's nothing you're missing, but a thing. Don't you think? Maybe not, maybe you're already too off to things that make you think of somebody who's not you. Youyouyou. I'm not blaming you, I'm not trying to convince you... It's not the way I'm used to make my own moves. It's okay if your okay, if you enjoy your way. It's the only thing I really want: your smile, a true smile. It fills me for more than a while... It thrills me for a lifetime.

Not the way
"You hide your softness and act cold because you fear your feelings. It's not fear you're picking up, it's disinterest"
Deadly Class, 2019

martes, 12 de marzo de 2019
18312
Hoy justo hace un año que volví a apostar por el salto. Salto fallido una vez más, por cierto... Pero es que son adictivos. Seguiré abonándome a esa adrenalina cada vez que se presente la ocasión, porque el día en que me tenga que ir de la vida (y de verdad, no del drama) espero que no haya un "¿por qué no hice esto...?" Ni hablar. Aquí hemos venido a jugar y mancharnos las manos. A que nos metan goles y hacer homeruns. A vacilar, a dudar, a apostar. Yo aquí acabo ganando la lotería de no quedarme con dudas, porque compro todas las papeletas, las agoto para asegurarme disfrutar el mejor premio de todos: poder elegir de forma consciente, coger el volante y no dejar que nadie acabe decidiendo por mi.
lunes, 11 de marzo de 2019
Mi SEVILLA
Sales por la puerta de tu casa, llamas al ascensor y empiezas a bajar: 10, 9, 8, 7... Llegas a la calle y parece que sobra tu chaqueta. Encima es de cuero, va a quedar preciosa como adorno. Comienzas a andar y a mirar hacia arriba: los naranjos están ya cuajados de azahar y tú vas a explotar de felicidad. Es otra vez ese olor, el olor del sur en primavera.
Olor chivato de tardes que empiezan a alargarse entre cafés para acabar en cervezas cada sábado. O domingo. Porque aquí somos muy de domingos. Es ese olor a incienso incipiente en la calle San Fernando o el hombre que vende palodús en La Campana. Mantas de gente echadas a la calle, parejas, carritos, personas mayores, gafapastas, capillitas de via crucis en via crucis, algún guiri despistado con un cebollazo a las cuatro de la tarde. Porque allí sus cuatro no son las nuestras. No tienen esta luz, no tienen esta poca vergüenza. Aquí se pierde la cabeza, cómo no hacerlo. Con esa Plaza de España, ese Parque de María Luisa, ese río, esa Torre del Oro, con la Maestranza y el Paseo Colón. Dime, ¿cómo no? Si no es solo su olor, sino su luz. La luz de Sevilla: naranja, albero, amarilla, violeta. A franjas, entre improvisación, flamenco, su Alcázar. Un caleidoscopio del color de cada uno de sus azujelos, de su feria, de su volante y su Macarena. Su puente de la Barqueta, que bebe el río a contracorriente para llevarte a la otra Sevilla, Tirana. Pu(e)nt(e)o y orilla a parte. Cuna del arte y la sinvergonzería, de la tapa y la tradición, aquí se es Trianero de corazón, no de boquilla. Aquí se vive en Lo Nuestro, entre rumba y cajón, guitarra y voces, vino y careos, hasta que caigas al suelo. En Betis empiezo, y en la Alameda me acuesto, FunClub, Holiday, Hércules, testigos de chupitos y bostezos. De buscar siempre algún enrredo, improvisación con el hombre que vende pulseras de cuero, litros pal cuerpo. ¿Cómo han acabado dando las seis de la mañana? Si yo salía para que me diera el aire en la cara, y aquí estamos, todos de nuevo reliados... En mi Sevilla, descaro, alegría y corazón... Si me piden pensar qué es la felicidad, no lo dudo, de ti es de quien hablo.
Olor chivato de tardes que empiezan a alargarse entre cafés para acabar en cervezas cada sábado. O domingo. Porque aquí somos muy de domingos. Es ese olor a incienso incipiente en la calle San Fernando o el hombre que vende palodús en La Campana. Mantas de gente echadas a la calle, parejas, carritos, personas mayores, gafapastas, capillitas de via crucis en via crucis, algún guiri despistado con un cebollazo a las cuatro de la tarde. Porque allí sus cuatro no son las nuestras. No tienen esta luz, no tienen esta poca vergüenza. Aquí se pierde la cabeza, cómo no hacerlo. Con esa Plaza de España, ese Parque de María Luisa, ese río, esa Torre del Oro, con la Maestranza y el Paseo Colón. Dime, ¿cómo no? Si no es solo su olor, sino su luz. La luz de Sevilla: naranja, albero, amarilla, violeta. A franjas, entre improvisación, flamenco, su Alcázar. Un caleidoscopio del color de cada uno de sus azujelos, de su feria, de su volante y su Macarena. Su puente de la Barqueta, que bebe el río a contracorriente para llevarte a la otra Sevilla, Tirana. Pu(e)nt(e)o y orilla a parte. Cuna del arte y la sinvergonzería, de la tapa y la tradición, aquí se es Trianero de corazón, no de boquilla. Aquí se vive en Lo Nuestro, entre rumba y cajón, guitarra y voces, vino y careos, hasta que caigas al suelo. En Betis empiezo, y en la Alameda me acuesto, FunClub, Holiday, Hércules, testigos de chupitos y bostezos. De buscar siempre algún enrredo, improvisación con el hombre que vende pulseras de cuero, litros pal cuerpo. ¿Cómo han acabado dando las seis de la mañana? Si yo salía para que me diera el aire en la cara, y aquí estamos, todos de nuevo reliados... En mi Sevilla, descaro, alegría y corazón... Si me piden pensar qué es la felicidad, no lo dudo, de ti es de quien hablo.
miércoles, 6 de marzo de 2019
M retrógrado
Lo que se atrasa, a veces te salva.
Lo que no se da, a veces te da la oportunidad de pensarlo mejor.
Lo que no regresa, muchas veces te da libertad.
Lo que no se da, a veces te da la oportunidad de pensarlo mejor.
Lo que no regresa, muchas veces te da libertad.
J
Hace cuatro años estaba cursando mi último año de carrera. Empezó movido, agitado, sacándome de una comodidad que a día de hoy agradezco que no exista más en mi vida, pensaba que era el fin del mundo... Lo parecía, y me equivoqué rotundamente. Una tarde pensé que para alejarme de tanto apunte y vaivenes negativos podría aprender algo nuevo. Pero nuevo nuevo, algo que no hubiera hecho nunca.
Siempre me ha gustado el flamenco, y el sonido de la guitarra es uno de mis favoritos en el mundo. Pensé que a mi tío Jose no le importaría que le robase su guitarra, así que fui a casa de mis abuelos, me subí al altillo y la robé. Fui a una tienda de música a por unas cuerdas nuevas y el encargado acabó regalándomelas: al ver esa guitarra prehistórica se emocionó... Él mismo había aprendido a tocar con ese mismo modelo. Llegué a mi habitación, cogí a la rebautizada Juanita y me puse un tutorial de Youtube. Y hasta este año, 2019, cuando Juanita no dio más de si: el puente estaba roto, las clavijas oxidadas (se desafinaba ya sola) y la madera tan vieja, combada.
Soy de insistir y no desistir así que ante la muerte anunciada de mi vieja gloria, he estado unos meses robándole a Baby a Ana. Otra guitarra clásica, con mástil ancho y salida de notas bastante dulce. No me era suficiente... Entonces decidí después de estar 3 años babeando por una Harley Benton, comprarme una. Jimena.
Creo que hasta aquí queda bien resumida mi historia con las guitarras, pero no con lo que me mueven, con el por qué de hacer cimbrear las cuerdas. Hace poco me di cuenta de que cuando más toco es cuando estoy muy feliz o preocupada. Escribir suele ser mi salida y entrada, mi diario de a bordo, un flotador y alivio. Hasta que decidí compartirlo con un intento de música porque, admitámoslo, no soy brillante en absoluto, pero soy muy pesada. Leer las notas me calma, me da un chute de energía difícil de explicar, amansa a Bala. Cierra las puertas al "y si" y no hay nadie más que el silencio, Jimena y yo. No necesito nada más, no quiero nada más.

viernes, 1 de marzo de 2019
Tacto en la vista
La abuela Manuela tenía los ojos más increíbles del mundo. Eran azules, puro cristal, claros como su mente hasta el último segundo que pude estar con ella. Una breve introducción a su forma de pensar y entender el mundo, adelantada a la época en que le tocó nacer. Unos ojos que me enseñaron a no solo ver, sino a observar.
● ○ ●
De ella aprendí que con ellos también se puede acariciar, son guía a un sentido que ejerce de tacto y oído... Porque si sabes cómo, hay ojos que escuchan y tocan. Tocan partes de ti no accesibles para la piel y las manos, que tenías por invisibles y te dejan algo descolocado. Escuchan el subconsciente encerrado en el acto que no has pensado, que no has calculado, destapan lo que no sabes de tu mente... Amigo, te han cazado. Y es así, con descaro y sin permiso toman la voz cantante en la conversación y te hacen enmudecer. Qué vas a hacer, corre, piensa, no vaya a ser que les de por ver tras de ti. Por ver más allá de lo que puedes empeñarte en aparentar: destruyen esa barrera y se abren paso a lo que quieran destapar. Porque ya lo sabes, no es lo mismo ver que observar.
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Los ojos son también víctima, chivatos, encierra-gatos. Son cárcel que habla de lo que guardamos dentro bajo llave, destapan sin palabras lo que ocultamos cuando lo que tenemos delante nos hace dar un vuelco. Comunicadores pasivos de lo que pienso, de lo que siento, de lo que hablo y lo que callo. Y no lo puedes evitar, acaban dejando escapar tus secretos y no hay nadie que pueda callarlos. Te dejan sin las capas que protegen tu core interno, al que casi nadie tiene acceso, al genuino, al que cuesta llegar... Me fallan y te allanan el camino. Menudo fastidio, con lo que me he empeñado en ocultar y vienen estos, me delatan y te ayudan a ganar. No es justo, ya lo decía Manuela: "ten cuidado con los ojos que no solo saben ver, sino observar".
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