martes, 12 de marzo de 2019

18312

Hoy justo hace un año que volví a apostar por el salto. Salto fallido una vez más, por cierto... Pero es que son adictivos. Seguiré abonándome a esa adrenalina cada vez que se presente la ocasión, porque el día en que me tenga que ir de la vida (y de verdad, no del drama) espero que no haya un "¿por qué no hice esto...?" Ni hablar. Aquí hemos venido a jugar y mancharnos las manos. A que nos metan goles y hacer homeruns. A vacilar, a dudar, a apostar. Yo aquí acabo ganando la lotería de no quedarme con dudas, porque compro todas las papeletas, las agoto para asegurarme disfrutar el mejor premio de todos: poder elegir de forma consciente, coger el volante y no dejar que nadie acabe decidiendo por mi.



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