jueves, 18 de octubre de 2012
Goog Morning Jude.
Me despierto, desempolvo los apuntes de cirugía. Efectivamente, retomo el blog desde Sevilla y en mi segundo año de carrera. Los días pasan entre proyectores en clase y kits rotatorios en los gabinetes y por supuesto en la residencia. Pero falta algo. Miento, no falta algo, falta todo: las ganas de sonreír y ser agradable con la gente, y es que han cambiado tantas cosas durante dos años que te calan, tocan y egoistamente no vuelves a ser lo que eras. Sólo pido que alguien me regale algo de luz, nadie sabe cuánto la necesito.
martes, 20 de marzo de 2012
Hace tiempo.
Mucho tiempo que quedó atrás. Que dejamos de ser niños con bicis voladoras y motos rápidas como un rayo por cuestas en la Sierra. Salidas en las que el corazón pasaba de 70 a 150 pulsaciones por minuto cada vez que veía el mar y la arena juntos en casa.
Recuerdo un olor a incienso y a azahar, y una noche que acababa de empezar. Sólo las piedras escuchaban qué decía y solo yo lo que pensaba. Un puente y ahí una mano, la mirada dirigida al río... Parecía más especial aquella noche que otras veces: se comenzaba a fundir con el azul del mar. Eran sensaciones fortuitas, intensas como el abrir una nevera en una cocina y ver algo inesperado al cerrar la puerta. Cascos y mucha prisa, corre, corre, me decían... Yo se lo que me hago, solía contestarles: y es que siempre es mejor ir lento, pero sobre terreno firme. Qué niñez aquella en la que con una sola palabra podía volar. De repente se hizo de nuevo de noche y otra vez en una cuesta, quién sabe si tanta pendiente avecinaba algo tormentoso, comencé a ver algo nuevo, una luciérnaga pequeñita aún pero con la luz más intensa jamás vista, y sobre todo llena de ilusión por los días próximos. Días perfectos, interminablemente perfectos que se hacían más cálidos conforme Don Mayo llamaba a la puerta: recorría la arena con mis manos, granito a granito con el olor a cereza, y comenzaba a nadar en un mar donde me hubiese encantado estar encerrada el resto de días para luego volar sobre dos ruedas y un manillar, adoraba esa velocidad. Tenerlo todo y de repente no tener nada. Qué injusto y caprichoso se vuelve el destino, quiso arrancar la brisa, la velocidad y el olor a cerezas de mis brazos.
Quien sabe si para bien o mal, lo único que se es que cuando llega la primavera y con ella el olor a azahar vuelvo a las noches en las que sólo se oía el murmullo del agua de una fuente y unos tambores de fondo.
Recuerdo un olor a incienso y a azahar, y una noche que acababa de empezar. Sólo las piedras escuchaban qué decía y solo yo lo que pensaba. Un puente y ahí una mano, la mirada dirigida al río... Parecía más especial aquella noche que otras veces: se comenzaba a fundir con el azul del mar. Eran sensaciones fortuitas, intensas como el abrir una nevera en una cocina y ver algo inesperado al cerrar la puerta. Cascos y mucha prisa, corre, corre, me decían... Yo se lo que me hago, solía contestarles: y es que siempre es mejor ir lento, pero sobre terreno firme. Qué niñez aquella en la que con una sola palabra podía volar. De repente se hizo de nuevo de noche y otra vez en una cuesta, quién sabe si tanta pendiente avecinaba algo tormentoso, comencé a ver algo nuevo, una luciérnaga pequeñita aún pero con la luz más intensa jamás vista, y sobre todo llena de ilusión por los días próximos. Días perfectos, interminablemente perfectos que se hacían más cálidos conforme Don Mayo llamaba a la puerta: recorría la arena con mis manos, granito a granito con el olor a cereza, y comenzaba a nadar en un mar donde me hubiese encantado estar encerrada el resto de días para luego volar sobre dos ruedas y un manillar, adoraba esa velocidad. Tenerlo todo y de repente no tener nada. Qué injusto y caprichoso se vuelve el destino, quiso arrancar la brisa, la velocidad y el olor a cerezas de mis brazos.
Quien sabe si para bien o mal, lo único que se es que cuando llega la primavera y con ella el olor a azahar vuelvo a las noches en las que sólo se oía el murmullo del agua de una fuente y unos tambores de fondo.
miércoles, 4 de enero de 2012
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