miércoles, 27 de febrero de 2019

ODONTÓLOGA.

Que también entiendo de arte, pero no del que estás pensando. No hablo de cuadros, épocas o esculturas colosales, tampoco de fotografía (que también), teatros o baile. Hablo del que conozco, el que implica guantes, paciencia y mascarilla: todo a punto para tu sonrisa.

La conocí por casualidad, con diecisiete años y en una nueva ciudad: Sevilla. Batas, blancas, proyectores y turbinas, empezar un nuevo estilo de vida. No pensé que iba a significar tanto, tomar un compromiso tan fuerte con una ética, con las personas, con mis pacientes. Qué es ser dentista.

Es planificar en tiempo libre, es hundir la mente entre hojas, diagnósticos, dibujos, palabras raras, fármacos. Es una habilidad, paciencia, destreza manual. Es fallar y volver a empezar. Explicar, de forma simple el funcionamiento del interior humano. No son solo dientes, es visión integral, tu paciente: el que acude con molestia y dolor, necesidades estéticas, complejos, necesidad de información. Es pensar en un todo, trabajo con compañeros, coordinado, codo con codo. Laboratorio, risas, loctite, cafés de máquina, con frío tomando filipinos. Llegar a odiar el articulador, el ángulo de Bennet, no encontrar el micromotor (miniinfarto), tallar dientes de jabón. Porque si finalmente no ejerces como dentista, al menos conoces la escuela de Miguel Ángel, te conviertes en escultora renacentista. O en ingeniera de fuerzas orales, ortodoncia, tornillos, momentos, torques, manos torpes doblando alambres... Todo un máster. Es comenzar odiando la sangre y finalmente tomarla como parte de tu día a día, es más maña que fuerza, decían, digo y diré: paciencia, paciencia, paciencia... Esto no es una suma exacta, calculada, medida, estoy jugando (en parte) con tu vida, en el sentido más literal. Por favor, no te vayas a asustar, mis anestesias no duelen, lo prometo. El niño no va a llorar. De puertas para adentro, cruzando mi umbral, quiere tomar asiento, porque sabe que no es para tanto como le han contado. No existe la palabra dolor, pinchar, quitar... Intento darte calor, porque un niño asustado es un adulto enfadado, con temor. Y yo eso no lo quiero. Yo te quiero tranquila, calmada, con compasión, comprensión, bien dirigida, una buena odontología. Vamos a prestar atención: quiero eficacia, producción, un alma humana... Mi profesión no sólo son bocas sanas. Es un estilo de vida. Lo aceptas y lo quieres bien... O no.

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