Bendita mente la que hizo de ti mi familia. Tan parecidas, tan ying, tan yang. Horas y horas para charlar, sanar heridas. Ganar partidas y dejar la vergüenza en la puerta de la casa, nuestra casa.
Que pasen dos días y te eche de menos. A tu drama, a tu alegría (y no con A mayúscula, que esa de alegre tiene poco). A tus ganas de aprender algo nuevo, por loco que sea, no vacilas, te adentras, te lanzas y ganas. Siempre. A tu impulsividad a veces maldita, que te lleva por donde no quieres y te deja donde puede. Pero al lado mía. Para tirarte de las orejas, decirte que todo esta bien, que lo que viene es para crecer. Pegar el estirón. A tus ocurrencias y creencias supersticiosas, tu esoterismo y paranormalidad (a mi que esos amigos no me vengan a mirar). La fe en que algo bueno está de camino, tus escritos, la positividad. Tus dotes de espía, que con las mías asustan al FBI. A tu don social, leona, arrasas por donde pisas, por donde vas. Incendias y quemas la soledad, eso no va contigo, animal de masas.

Si te vieras con mis ojos entenderías todo. Lo que te digo y lo que no, lo que me callo y lo que te grito. Lo que te quiero dejar escrito: tu valor. Míralo cara a cara, por favor, reconocelo. Es infinito. Que la gente no entiende, no sabe, te querrán hacer ver lo contrario. Te quieren mermar, pero no pueden... Como intentar desalar un mar, que lo intenten. No les dejes. Recuerda que eres fuego, el verbo quiero, que con tiempo pasará a ser un "puedo", un "lo hice", mi "te lo dije".
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