La sal en la herida escuece, pero cura. La caída duele, pero la fractura consolida. La piel se rasga, pero cicatriza, y es que no hay necesidad más salvaje que la de crecer desde la incomodidad. Como si hubiese otra manera. Ningún cambio de etapa nos pilla acelerados, es como ver la nube de tormenta desde el barco. Ay mamá, la que se me viene encima. Y llevas razón, nadie sale de una tormenta siendo el mismo que cuando entró... Ni puede ni debe quererlo... Porque lo que tiene lugar, también tiene derecho a estar pasando.
Lo que se me había olvidado es que aunque el barco quede destrozado, puedes reconstruirlo de nuevo. Desde casi cero. La oportunidad de reinventarte es el regalo escondido que deja un tsunami. Y acabo de comprar medio LeroyMerlín, porque si tengo más ganas... Exploto.

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