Una carcajada seguida de dos ojos achinados brillantes deseando saber más. Una tirita en la rodilla, después de alguna que otra caída y el pelo naranja alborotado. De dónde lo habrás sacado. La alegría constante y el abrazo permanente, siempre a nuestro lado.
Nunca te importó el momento ni el lugar para sacar a bailar a tu espontaneidad, tu originalidad. Medina Azahara y cómo adorabas tocar.
Siempre como referente de pura bondad, tesón, cariño e inteligencia... Llegas demasiado pronto donde algún día al resto nos va a tocar. No se dónde mirar para encontrarte, pequeño gran desastre... No nos has dejado vacío que rellenar, sino la certeza de que si: se puede querer de forma incondicional.
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