jueves, 12 de septiembre de 2019

Si me dicen de volver, vuelvo!

Prometo que es la primera vez que tengo miedo a que acabe el verano. Y es que es bastante contradictorio cuando hace apenas unas horas escribía cuanto me gusta ver caer las hojas. Pero es así, una no decide lo que le revuelve las ideas. Ni las ideas ni las ganas.

Hace unas horas ya abría el correo para descargar un pdf que en junio me dijo un, de momento, no. 250 preguntas directas al abismo de la pereza y la desgana. Hola listas, adiós playas con vistas. Ay. Que no es tan malo, lo sé. Que es lo que cuesta un sueño, pues también, y también lo haré. Eso lo sabemos aquí y en Pekín. Pero mejor por allí que delante de no se cuantas horas entre libros. C'est la vie.

Tengo ese no se qué sabor de boca de cuando algo está demasiado rico y quieres más, y es que como (mal) adivinaba, pensé que serían otros tres meses de calor que pasarían sin pena ni gloria. JÁ. Llegamos (y si, en plural, porque eramos varias: mi ansiedad, la tirsteza y yo) a final de junio a medio gas, casi vacías. Toda perspectiva de entusiasmo y vitalidad estaban en cola, porque por delante seguía una mudanza y vuelta a casa en forma de montaña. Como el Teide de alta, que ahí es ná. Eso y que al andar por dentro sonaran cristales, no hace falta adivinar el por qué si retrocedemos en entradas del blog. O despiertas o te la pegas(n), o lo agarras o el verano se te escapa, o haces de la sombra luz o te quedas a oscuras. Fueron horas de no tengo ganas pero debo, no quiero pero tengo que, de oye pues no está tan mal, venga lo vamos a intentar. Sal más, oblígate, reconoce la ciudad. Vale, estamos en ruta, ¿qué más? No esperaba sorpresas, ni sal en la mesa, pero ahí estaba yo: como he dicho a mediogas, sentada oyendo a Marta y Sofía charlar. Bueno, vamos a salir, total, nada puede salir mal y si se despierta ansiedad podemos volver a casa. JÁ. Con la cabeza en otra parte e intentando encajarme, aparece (porque no encuentro un verbo más correcto en castellano). Torbellino y revoltijo de palabras apretadas en un "bueno, es que llego tarde, pero cuéntame, ¿¿¿¡¡¡qué tal todo!!!?" y lo demás es historia, historia en construcción. Menuda sacudida de planes, yo que llegué sin querer quedarme, puede que esto empiece a gustarme: que tan mal no está el calor, la playa de siempre pinta mejor y las cervezas en la breña se tiñen del color  que tu quieras. Desastre de lluvia de estrellas, planes por hacer, aviones a Cardiff, trenes a Cádiz y coches al Norte. Que no, no ha sido tan terrible, HA SIDO MEJOR!!!!!!! Que si me dicen de volver, vuelvo, te lo digo yo! 

Por eso, es la primera vez en tanto tiempo que voy a echar de menos las siestas largas, las noches cortas, que el tiempo pase rápido y lento a la vez, el veros sin necesitar un por qué: ni hora, ni fechas, sin plan, ni intención de hacerlo. El dolce far niente del que hablaba en 2010, la sal en la piel y la arena en mis pies. Si algo me llevo de ESTE verano, son todas las cosas que he vivido: las que me hacen más yo, las que me hacen estar más conmigo.

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