Este año mi rutina no es la de siempre. Ya no hay barra libre de maletas ni viaje a Sevilla. No hay redecoración de una segunda casa, ni colchón en el que saltar de una segunda habitación. Atrás queda la casa palasio, el minibar de posguerra y mi lugar favorito: el balcón. No puedo contar la de veces que me he ido a asomar para dejar de escuchar(me), ni cuántas horas le he dado a las cuerdas de Jimena a media luz. Los arroces, cumpleaños, fines de semanas, cuántas voces: AQUÍ NO ANA(s). Música a deshoras, vecinos que se convierten en padres, brasero por las tardes y arreglar todo lo que tenemos en contra. Todos lo sabemos, es la casa desastre, la casa patera, aquí cabe quien quiera: vente si vuelas, vente el finde, vente aquí toda la vida. El vino convida: barbadillo, tinto malo, trecelunas o rosado. Cervezas rubias y negras siempre en la nevera. También licor del chino, de ese de canela... A lo mejor te atreves y lo pruebas. Entradas y salidas, Alameda, Río, Centro, pa alegrarnos un poco la vida... Que con tanto libro una se marea. Pero con lo que me quedo y más echo de menos es la compañía, siempre mi favorita. Las que le ponen el puntito a cada semana, mes, día. Las que a cada problema le ponen solución. La suerte me tiene manía, porque con personas tan buenas... Cómo no echar de menos Sevilla.

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